La Asamblea General de las Naciones Unidas elaboró un informe sobre la situación social en el mundo titulado “El dilema de la desigualdad”, en el que asegura que el mundo es más desigual que hace 10 años, porque la pobreza sigue arraigada y provoca cada vez más desigualdad social.
En el informe se hace un estudio de los aspectos económicos y no económicos que están generando un distanciamiento entre las economías desarrolladas y las subdesarrolladas; entre los trabajadores calificados y no calificados; la disparidad en la salud y la educación, así como las oportunidades de participación social, económica y política, situaciones que en conjunto afectan el desarrollo social de las personas identificando cuatro aspectos: las asimetrías mundiales que resultan de la globalización; la incorporación explícita de metas para reducir la desigualdad en políticas y programas diseñados para reducir los índices de pobreza; la generación de empleos, con particular atención para mejorar las condiciones de la economía informal; la promoción de la integración y cohesión social como llave de el desarrollo, la paz y la seguridad mundial.
Según el informe, las desigualdades entre y en los países han ido de la mano de la globalización, teniendo esas desigualdades consecuencias negativas en el empleo, la seguridad en el empleo y los salarios.
En América Latina, las políticas comerciales actuales inciden en las posibilidades de reducir la pobreza, sin embargo, las prácticas proteccionistas y los subsidios a la agricultura de los países desarrollados han producido una baja en la productividad agrícola y, por lo tanto, los ingresos del sector; por ejemplo, en algunos países de la región se impone una tarifa del 8.5% sobre toda importación no-agrícola desde los países industrializados, mientras sus propias importaciones agrícolas enfrentan una tarifa del 20.4% en los países industrializados, haciendo imposible su competencia.
Las medidas adoptadas por los gobiernos no han paliado este problema, cuando millones de personas trabajan pero siguen siendo pobres, cuando la cuarta parte de los trabajadores del mundo no gana lo suficiente para sacar a sus familias de la pobreza, en los países subdesarrollados ya que los salarios mínimos reales han disminuido en los últimos años. Por otra parte, el desempleo pone en riesgo el desarrollo y la estabilidad social y política de los países, sobre todo a nivel juvenil, pues como ocurrió hace algunas semanas en Francia, conflictos sobre pérdidas de derechos laborales que inciden en el desempleo, organizaron masas de rechazo.
La desigualdad económica y política pone en peligro para la paz y la seguridad, las luchas por el poder político, la tierra y demás bienes generan desintegración social, exclusión y violencia.Los gobiernos han sido urgidos a reducir la desigualdad para promover el desarrollo, la seguridad y los derechos humanos para todos; a tener una perspectiva más amplia sobre la reducción de la pobreza para que implementen medidas eficaces que conduzcan al progreso en la salud, la educación, el desarrollo económico y la representación en los procesos legislativos y judiciales.
17-06-2006
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