Es indudable que la historia nacional tiene el más importante de los exponentes del liberalismo, no sólo de la segunda mitad del siglo XIX, sino del México independiente, en Benito Juárez (1806-1872). Tiene fundamental importancia en el desarrollo de los derechos humanos durante su época, ya que como ideólogo y estadista pudo ejecutar leyes y políticas sustentadas en las libertades del hombre.
Juárez, ha sido estudiado por diversos autores: Justo Sierra, Francisco Bulnes o Ralph Roeder, desde un punto de vista clásico y Enrique Krauze, Fernando Benitez o José Manuel Villalpando, más contemporáneos, entre muchos, pero muchos otrosSe le puede ver como republicano, liberal o lo describen algunos biógrafos detractores como un dictador típico romano, así Branding lo identifica como el presidente del leviatán mexicano, (dicho esto por el concepto de Thomas Hobbes, sobre el estado de naturaleza en su obra Leviatán); Rabasa lo describe como el dictador democrático y según el dicho de Irineo Paz, fue un presidente garrapata.
Sin embargo, fuera del contenido biográfico tan dispar, el legado de Juárez adquiere importante relevancia cuando se toma en cuenta su aporte al liberalismo constitucional. Recordemos que en anteriores columnas me he referido a la Constitución del año 1857, que entre sus bondades se encuentra un catálogo de derechos del hombre, que con la ideología de Juárez se fortaleció en mucho a través de sus leyes y políticas, como la libertad de credo y prensa, educación como derecho y un nacionalismo como cultura cívica con el fin de una patria con identidad. En su contra, la constitución otorgaba fuerza preeminente al Congreso, con el fin de evitar las atrocidades de Santa Anna; lo que pudo neutralizar.
Debemos reconocer que Juárez coincidió en tiempo y lugar con otros hombres, como Lerdo de Tejada y Ocampo, para conseguir su éxito como de caudillo, una mezcla de tlatoani y virrey, con nobles propósitos y representante del ascenso de la raza autóctona a las más altas esferas del poder y sirvió para convertir a México en una especie de monarquía que aparentó ser república, con libertades cívicas, garantías individuales, amparos jurisdiccionales. Con ello podemos atribuir a Juárez la consolidación del Estado de Derecho; aunque con su personal toque.
De ese modo, el liberalismo mexicano se acrecienta y adquiere forma, siendo óptimo con la promulgación de las leyes de reforma, y así como la Nueva España se erigió sobre Anahuac, las ruinas de la Nueva España quedaban ante México. Un liberalismo federalista y no centralista, antimilitar, antimilitar, nacionalista, pero abierto a la alta diplomacia y tolerante ante provocaciones del partido católico.
Por tales motivos, Juárez cimentó la fuerza y respeto que este país tuvo frente al resto del mundo durante casi un siglo y medio, construyó la organización del gobierno con el objeto de ser eficiente en la ejecución de las leyes y detalló en muchos y mejores aspectos, los derechos del hombre que a la postre fueron nuestras actuales garantías individuales.
17-03-2007
sábado, 16 de febrero de 2008
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