Hasta hace muy poco tiempo hablábamos de que la libertad de expresión en nuestro país no existía, que aquél gobierno hegemónico realmente controlaba con todos los hilos la información que era dable al pueblo; prácticamente nadie podía contradecirlo, so pena de aniquilación –de cualquier cosa- los medios de comunicación estuvieron bajo control estatal y la libertad de expresión era relativa, pues antes de la “libertad”, la “expresión” debía ser interferida y aprobada por el gobierno.
Pasaron los años y al parecer en el sexenio pasado se relajó el control que el gobierno tenía sobre los medios; algunos aventurados dijeron que ahora si ya existía la auténtica libertad de expresión; pero el gusto duró poco; vaya ni el sexenio.
Y es que en este tiempo ha variado el agente opresor de la libertad de expresión ya que ha pasado de ser el estado, a ser ahora el crimen organizado. Efectivamente, la cotidianeidad de los actos de inseguridad ha mostrado dos grupos sociales con serio riesgo en el status quo: los de seguridad pública y los de información periodística; causas pude haber muchas, pero los resultados hablan por sí solos.
México se ha convertido en muy poco tiempo, en el peor país para ejercer el periodismo, sólo superado por un país en guerra: Irak. ¿Pero esto a qué se debe? Comencemos por lo menos decepcionante:
Existe una definición de guerra, con la cual no estoy muy de acuerdo, que en sentido lato, dice que guerra es cualquier ausencia de paz. Lamentablemente para lo que hoy estoy hablando es cierto.
La guerra en que estamos sumergidos no es una convencional, estamos en una guerra contra la inseguridad; el monstruo que vive ya en cualquier rincón del país, que nos hace a todos víctimas, lastima las generaciones e impide el desarrollo; hoy uno de los más serios daños que ocasiona la inseguridad es precisamente la que tiene que ver con los ataques a la libertad de expresión.
En esta guerra, nuestra causa –parece- está siendo defendida además de los cuerpos de seguridad pública y del ejército, por agentes de información periodística. Eso los ubica en un grupo de riesgo, lo cual debe ser serio, porque cuando una casa editorial tiene desaparecido un colaborador por más de 2 años; cuando son acribillados en la calle los profesionales de la información; cuando son “levantados” por la operación de bandas del crimen organizado o cuando se reiteran ataques con granadas de fragmentación y la imprenta se ve forzada a cerrar la edición, hasta que existan garantías suficientes de protección en su favor, es síntoma inequívoco de los ataques a esa serie de libertades, se mantiene también secuestrada la verdad y ello nos deja vulnerables frente a la serie de acontecimientos del desgastado entorno
Hoy que el ejercicio de la libertad de expresión está más lesionado, es conveniente observar que esa situación tan grave debe ser repudiada a todos los niveles, como ya lo ha hecho la Organización de Estados Americanos, para el particular caso de México.
26-05-2007
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